Las grandes escuelas de psicoterapia tienen una visión del hombre inmanente, segmentada, materialista y relativista
¿Es posible ejercer la profesión de la psicología iluminada desde la fe? ¿Se puede ser un cristiano coherente con la fe y ser un psicoterapeuta? ¿Estamos hablando de dos realidades que de verdad son como el agua y el aceite? ¿Existe alguna posibilidad de reconciliación entre estas dos realidades, o son inconciliables entre sí?
